¿Cansada de recibir migajas de amor?

Mira cómo la autoestima y el amor propio juegan un papel fundamental para no permitir que nos den menos de lo que merecemos

¿Estás cansada de permitir que te den migajas de amor, de amistad o en tu trabajo? Aquí te voy a explicar por qué lo permites y por qué andas hambrienta de amor.

Quiero explicarte por qué es que permitimos que nos den migajas, sobre todo de amor. Te voy a hablar del amor, porque es un tema del día a día y que yo atiendo en consulta muchas veces. Imagínate que es la misma historia, pero con diferentes protagonistas. Porque pensaríamos que este problema solamente lo tienen las chicas, las jóvenes que no están seguras, que se sienten dudosas, a lo mejor de su identidad, que no tienen una firme autoestima, que no están seguras de quiénes son. Sin embargo, también las mujeres adultas, las mujeres que ya están maduras, también padecen de esto y no se entiende el porqué. No se entiende por qué es que nos pasa a nosotras.

¿Por qué estoy pidiendo esas migajas y por qué permito que me las den? ¿No merezco más? ¿Por qué no puedo ver que merezco más? Y no solamente me quedo en las mujeres, tengo hombres que también me lo han confesado y necesitan esta ayuda. Por favor, dime y explícame por qué. ¿Qué hago mal? Es muy típico que siempre nos echemos la culpa a nosotras o nosotros.

¿Qué hago mal? ¿Qué hice mal? ¿Cómo me debo comportar para que me den un poco más que migajas? Cuando me dicen todo esto, yo adentro de mí entra una energía, pero energía de decir: «¡Es que no ves la persona que eres! ¿No ves tu valor?» A un paciente le dije: «¡Es que si tú vieras lo que yo veo en ti, no me estarías diciendo estas cosas! Tu vida sería totalmente diferente». Pero muchas veces la gente ve lo que nosotras o nosotros no vemos. Por lo tanto, pues esta energía interna que me surge, así como para darle dos cachetadas, y decirle: «¡Despierta! ¿Qué estás haciendo? ¿Qué me estás diciendo? ¡Mira qué mujerón eres! ¡Mira qué hombre tan buena persona eres!» Y no van a decir mujeres que no hay hombres buenos, porque siempre se los digo a ellos. Las mujeres están buscando a hombres como tú y los hombres no se lo creen. Dicen: ¿Por qué sigo permitiendo estas migajas de amor de gente que no me valora? Por lo tanto, a mí que me encantan las metáforas, me surgió esta metáfora que te quiero compartir el día de hoy que me encanta y espero que te ayude.

Mira, yo les pongo este ejemplo. Y acuérdate que me voy a ir directamente a la historia de amor, a las migajas de amor que nos dan y que permitimos. Voy a ser un poco dramática. Imagínate que desde niña tus padres no te dieron el amor suficiente, el amor que necesitabas. Y esto lo voy a cambiar como la comida, el alimento que necesitabas. Por lo tanto, tú vas creciendo con esta carencia, teniendo hambre, teniendo hambre. Y llega un momento en que pues te empiezan a gustar los chicos y empiezas a salir y como tú tienes hambre, pues cualquier cosa que te den, lo aceptas. En este caso, pues son migajas. Y migajas, vamos a ponerle de galletas María. Y no es anuncio, es porque todo el mundo conoce las galletas María. Las galletas María, me dice una paciente:, «Pues a veces las galletas María que me avientan, que son migajas, están rancias». Imagínate tú, aparte rancias.

Entonces, permitimos que nos den estas migajas, las aceptamos porque tenemos hambre. Y entonces, la otra persona dice: «Ah, pues le sigo dando migajas, pues no me pide nada más, le doy migajas». Y de repente, un día: «Ah, ya me cansé de darle migajas, voy a… ay, mira por allá, hay otras oportunidades». Y tú volteas y dices: «¿Y mis migajas?, ¿dónde están mis migajas?» Y entonces tú le preguntas: «¿Y mis migajas?», exiges: «¡Dame mis migajas!» Y la otra persona se queda así de que, «uh, ¡qué horror! Me está exigiendo, me está pidiendo». Y tú: «¡Dame mis migajas! ¿Por qué no me das migajas? ¿Qué hago mal? ¿Qué hice mal? ¿Por qué no me das lo que me dabas antes?» Y yo, cuando me lo dicen, es que yo por dentro, mi energía surge y le digo: «¿Es que no te das cuenta que el amor que tanto te falta es esa hambre que tienes por cualquier cosa que te den? O sea, ¿entiendes esa metáfora que está hambrienta de amor?».

Ahora, imagínate, pues sufres. Ya no me da galleta. Ya no me da las migajas. Perdóname, las migajas de galleta rancias, ya no me las da. Yo sufro. Yo lloro. Ya no me hace caso. No voy a terapia. Y sigo con mi vida, sufriendo y cargando esa inseguridad de qué hice mal y qué tengo mal yo. Y esto va aplastando más tu autoestima. Entonces, pues llega otra oportunidad que no te esperabas, porque pues tú estás sufriendo y sigues sufriendo. Y ¿qué crees que ves? Galletas Oreo. Ah, Oreo. Mira, tiene sabor, tiene más sabor, tiene consistencia. Pero amiga, date cuenta, es galleta y también son migajas. Nada más que diferente marca, diferente sabor. Y si tú no te das cuenta y no trabajas para no permitir que te den las migajas, vas a estar siempre en busca de galletas y migajas de las diferentes marcas que te den. Si no trabajas en ti, siempre vas a permitir que te den esas migajas.

Por lo tanto, ¿qué tienes que hacer para que ya no te den esas migajas de amor? Si tú te vas al supermercado y te compras la carne, el pollo, el pescado que te gusta, con una ensalada, y te pones un súper platillo, y comes esto todos los días. ¿Tú crees que vas a tener hambre? ¿Crees que vas a permitir que te den migajas? «Oye, por favor, me estás ofreciendo migajas cuando yo me pongo un ribeye, un T-bone, un pollo asado con ensalada y un súper platillo con un súper postre. ¿Crees que voy a permitir que me des migajas?» Es más, ni volteas a ver. ¿Por qué? porque ya no está en tu nivel de autoestima.

El nivel de autoestima va a ser el tipo de decisiones que tomes en tu vida. Si tú no te das amor, si no sabes darte amor, este amor propio que necesitas desarrollar, siempre vas a estar en un nivel bajo. Pero si tú te procuras, si tú te cuidas y sigues mis consejos, podrás tener una sana, firme autoestima trabajando en ti. Trabaja en ti para que no te haga falta nada, que no te haga falta alimento, para que cuando una persona te ofrezca un platillo exquisito, digas: «Ah, este platillo no lo he probado y se ve muy bueno». Y que sepas que ese platillo lo mereces, lo mereces porque también te lo das tú y no porque tengas hambre, sino porque vas a probar también otros platillos de igual calidad que tú estás acostumbrada a comer.

De esta manera, es la única forma que tú vas a identificar cuando no está en tu nivel una persona, cuando lo que te ofrece no es lo que mereces, cuando lo que te ofrece no es lo que vales, cuando lo que te ofrece son migajas. Y eso depende de ti, de permitirlo o no permitirlo. Aquí en sesiones, eso hacemos, valorarte, trabajar en ti, ¿qué es lo que necesitas hacer para reconocerte y que tú puedas darte ese amor que tanto necesitas para no permitir que nadie te ofrezca menos de lo que tú mereces y sobre todo, no estar tentada, no estar tentada en tomarlo y permitirlo? Por lo tanto, esa es la metáfora, ¿qué tanta hambre tienes? ¿Tienes tanta hambre de amor? Entonces, date tú tu propio alimento. Y una vez satisfecha, podrás escoger mejor tu pareja y no permitir estas migajas.

Que estés muy bien y nos vemos hasta la próxima.

Renee

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